Normalmente afirmamos que sólo se necesita ser un hombre libre y de buenas costumbres para entrar en nuestra orden.

Que no importa la raza, ni la religión, ni sus principios políticos para que un profano entre a una logia masónica. Esto es cierto, sin embargo, hay que aclarar que suelen entrar en nuestra orden y mas aún en nuestra R.·.L.·.S.·. Constancia y Concordia N° 11, los verderos buscadores de la verdad, hombres que van en la busqueda de lo que otros solo aceptan. El que pretende entrar en nuestra fraternidad, además de ser un hombre virtuoso, tolerante y respetuoso de las ideas de los demás, debe estar preparado para enfrentar, con humildad, el acceso a una enseñanza que nos acerca al conocimiento de la verdad.

El conocimiento de la verdad no suele ser, necesariamente una experiencia agradable. Todo el conocimiento profano que hemos acumulado, podría ser inútil para el masón si este no ha adquirido un nivel de conciencia aceptable. Lo cierto es que el proceso de desnudar la verdad puede ser bastante atemorizador, ya que puede poner en tela de juicio muchas de sus creencias aprendidas en el mundo profano. Sobre todo porque, el trabajo del masón, se realiza particularmente en su propio mundo interno. El enemigo del masón son sus propias pasiones, sus defectos y debilidades. El acceso a la verdad comienza con el conocimiento de si mismo. El enemigo a vencer se encuentra en su propio espejo.

Por otra parte, el candidato a la iniciación suele haber pasado en su vida las pruebas necesarias para conocer sus limitaciones. El Gran Arquitecto del Universo le ha mostrado un camino levantando el velo de la sabiduría. Es posible que el candidato ya conozca los sufrimientos intensos causados por sus propias equivocaciones, el dolor causado por alguna pérdida. En fin, pruebas que le han obligado a preguntarse verdaderamente cuales son las leyes misteriosas que rigen este universo que aparenta ser incomprensible. Pruebas que están ligadas a los elementos de la naturaleza. Las pruebas de la tierra, del aire, del fuego y del agua. Debe haberse enfrentado a los bajos instintos y haber luchado contra ellos. A la imaginación descontrolada y a las creencias irracionales proclamadas, a veces, a los cuatro vientos, sin ninguna explicación. A la pasión sexual desenfrenada y a la emocionalidad descontrolada que se traduce en frustración y rabia.

Por último, el candidato a la masonería debe estar dispuesto a cambiar para perfeccionarse como ser humano. Debe estar dispuesto a dedicar horas al estudio y a la meditación. A cumplir con sus compromisos con la masonería y sus compromisos en el mundo profano.

Los masones sabemos que el camino entre las columnas del templo exige diligencia, tolerancia, voluntad, paciencia, estudio, reflexión y valor. No todos los seres humanos están dispuestos a pasar estas pruebas ya que, en su mayoría, pretenden pasarlo bien. Disfrutar de los placeres y no mejorar y superarse. Estar dispuesto a cambiar, para que cambie el mundo en torno a él. Cuando un candidato se acerca, es importante preguntarle si está dispuesto a cambiar. la masonería es transformación y cambio. A nivel material, mental, espiritual y social.